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Especialista en marketing y sacerdote. Se ordenó Emilio Maza Trueba

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El obispo de Santander, Mons. Vicente Jiménez, ordenó el domingo 27 de Junio como sacerdote a Emilio Maza Trueba, en el transcurso de una misa que se ofició en la catedral.

Maza natural de Ramales de la Victoria y de 35 años de edad, cantará su primera misa el próximo martes 29 de junio, solemnidad de san Pedro y san Pablo, a las 12 del mediodía, en la parroquia de San Pedro de su pueblo natal.

A la celebración del domingo acudieron amigos y vecinos de su pueblo natal de Ramales, “donde se han volcado conmigo”, según indicó. Además estuvieron presentes sus compañeros del Seminario Diocesano de Corbán, así como los sacerdotes de las parroquias a las que Emilio Maza ha estado vinculado.

Crecimiento de su vocación

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2010 junio EMILIO MAZA TRUEBA ANTE SU ORDENACION SACERDOTAL

Emilio Maza explicó que su vocación surgió a los 19 años, momento en que colaboraba como catequista en la parroquia de su pueblo. “La idea se afianzó” cuando concluyó sus estudios medios; entonces “sentí la llamada del Señor para ser cura”.

Emilio Maza explicó que su vocación surgió a los 19 años, momento en que colaboraba como catequista en la parroquia de su pueblo.

Maza precisó que “en aquel momento” no se atrevió a “dar el paso; y tampoco mis padres estaban muy de acuerdo”. Sin embargo, “Dios me seguía llamando a través de mediaciones humanas y de acontecimientos”.


Tras estudiar comercio y marketing, “surgió de nuevo la llamada, y me di cuenta de que había cometido un error”. Entonces “decidí entrar en el Seminario de Corbán y saber lo que Dios quería de mí. Ahora ya lo sé, y mis padres están felices y yo dichoso también”, precisó.

Tras estudiar comercio y marketing, “surgió de nuevo la llamada, y me di cuenta de que había cometido un error”.

Su previa ordenación como diácono se produjo el pasado 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción de María; entonces Emilio Maza destacó que ese primer paso suponía “un compromiso porque ya le respondes definitivamente, “sí”, al Señor”, tras seis años de discernimiento de la vocación y de mis estudios y formación”.

HOMILIA DEL MONS. VICENTE JIMENEZ:

ORDENACIÓN SACERDOTAL

DE D. EMILIO MAZA TRUEBA


(S. I. Catedral de Santander, 27 de junio de 2010)


Textos: 1 Re 19, 16b.19-21; 1 Pe 5, 1-4; Lc 9, 51-62


+ Vicente Jiménez Zamora

Obispo de Santander

Queridos hermanos:


Nuestra Diócesis está hoy de fiesta grande. Emilio, nuestro hermano diácono, va a ser ordenado presbítero. Un nuevo sacerdote se incorpora a nuestro presbiterio. ¡Álegrate, Iglesia de Santander, que peregrinas en Cantabria y en el Valle de Mena, porque hoy uno de tus hijos es elegido para el sagrado Orden del presbiterado! ¡Alégrate, Seminario de Monte Corbán, porque después de cuatro años desde la última ordenación, un seminarista llega a la meta del sacerdocio!

Querido Emilio, eres uno de los frutos granados de este Año Sacerdotal, que acabamos de clausurar, que nos ha llamado a los sacerdotes a la fidelidad a Cristo y a su Iglesia para crecer en santidad y para que se perciba cada vez más la importancia del papel y la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea (cfr. Benedicto XVI, Carta para la Convocatoria del Año Sacerdotal, 16 de junio de 2009).

Os saludo con particular afecto y os doy mi cordial bienvenida a todos los que habéis venido a esta S. I. Catedral, madre y cabeza de todas las iglesias de la Diócesis: a tu familia, padres, Severino y María Ángeles, y hermano, Álvaro; a los párrocos de Ramales de la Victoria, los fieles de tu pueblo, de Cabezón de la Sal y de otras parroquias, donde has realizado la etapa pastoral; al Rector, formadores, profesores, compañeros seminaristas y personal de servicio de nuestro Seminario; a los diáconos y a tantos sacerdotes que Dios ha puesto en tu camino, personas y amigos, especialmente jóvenes.

Para mí, como Obispo y Pastor de la Diócesis, es un motivo de gran gozo, porque tú, Emilio, eres el primer sacerdote, formado en nuestro Seminario de Monte Corbán, a quien voy a imponer las manos y ungir con el santo crisma, para que seas sacerdote de Jesucristo en su Iglesia. Siento ‘temor y temblor’ y, a la vez, asombro y agradecimiento.

Liturgia del domingo XIII (Ciclo C)

La liturgia de la Palabra de este domingo XIIIº nos habla oportunamente de la vocación y del seguimiento de Cristo. Jesús, en el camino hacia Jerusalén, presenta el radicalismo de su seguimiento y pone de relieve la primacía del Reino de Dios. Para seguir a Cristo hay que descubrir el tesoro de su persona, por el que merece la pena dejarlo todo, como ya aparece en la vocación profética de Eliseo (1ª lectura). Ante la llamada de Jesús: ¡Sígueme!, no cabe otra respuesta que ésta: Te seguiré a donde vayas, sin mirar atrás.

San Pedro en su primera carta, traza el perfil del sacerdote, pastor del rebaño, a imagen de Jesucristo el Mayoral y Buen Pastor.

Emilio, tendrás que pastorear el rebaño, “no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere”. “No por sórdida ganancia, sino con generosidad”. Como pobre que amas a todos; no buscando ni siquiera la compensación de la respuesta; con el desgaste diario de la brega pastoral. “No como déspota sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndote en modelo del rebaño”. El que está al servicio no impone condiciones, sino que está disponible para la misión que la Iglesia le confíe.

Acción de gracias por el don de la vocación sacerdotal

“Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama como Aarón” (Hb 5, 4), nos dice el autor de la carta a los Hebreos. Como en otro tiempo Pedro, Andrés, Santiago o Juan oyeron la llamada del Señor, también tú, un día fuiste llamado; su voz resonó en tu corazón y has respondido generosamente durante tus años de formación en el Seminario Diocesano. No has puesto excusas y condiciones como los personajes del Evangelio de hoy y has seguido con libertad al Maestro (Domingo XIII del tiempo ordinario, Ciclo C).

Dios sigue llamando también hoy. Hace falta escucharle, seguirle, amarle. Queridos jóvenes, que estáis aquí presentes en esta celebración: la invitación de Jesús a los discípulos de Juan, “Venid y lo veréis” (Jn 1, 41), os la hace también a vosotros. Sed valientes y generosos, y seguid a Cristo por el camino del sacerdocio.

El sacerdote y Jesucristo

Por el sacramento del Orden hoy vas a ser configurado con Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Cabeza y Pastor, por quien la Iglesia se edifica y crece como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo Santo.

Cuando te entregue la patena y el cáliz, escucharás estas palabras misteriosas: “Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor”.

Nada de cuanto constituye el sacerdocio procede de nuestra capacidad personal. Así nos lo recordó el Señor: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). Apoyado en Cristo podrás decir como San Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil 4, 13). Apóyate en Jesucristo, que es tu Pastor y nada te faltará (cfr. Ps 22). Confía en el Señor, que es el lote de tu heredad y tu copa; alégrate, porque te ha tocado un lote hermoso y debe agradarte tu heredad; con el Señor a tu derecha no debes vacilar (Cf. Ps 15).

Espiritualidad del sacerdote


La espiritualidad que brota del ser sacerdotal se articula, entre otros, en torno a estos ejes vertebradores, que te propongo esta tarde a ti y a todos los sacerdotes de nuestro presbiterio diocesano, así como a los seminaristas, futuros sacerdotes: intimidad con Jesucristo; fraternidad en el presbiterio ; estudio y formación permanente.

1. Intimidad con Jesucristo. Ser ministros de la Palabra, administradores de los sacramentos y servidores del Pueblo de Dios, especialmente de los pobres y necesitados, nos exige llevar una vida espiritual intensa, que se alimenta en la oración y en el trato frecuente con Jesucristo. Nuestro ministerio y la comunidad cristiana exigen a los sacerdotes que seamos hombres de Dios. Si el sacerdote es “el hombre de Dios”, que pertenece a Dios y ayuda a conocerlo y amarlo, no puede dejar de cultivar una profunda comunión con Él, permanecer en su amor, dedicando tiempo a la escucha de su Palabra. No debemos olvidar que Jesús nos llamó para estar con Él y para enviarnos a predicar (cfr. Mc 3, 14).

“Necesitamos sin duda momentos para recuperar nuestras energías también físicas, y sobre todo para orar y meditar. Cultivemos la interioridad y encontraremos dentro de nosotros al Señor. Estar atentos a la presencia de Dios en la oración es una verdadera prioridad pastoral; no es algo añadido al trabajo pastoral; estar en presencia del Señor es una prioridad pastoral. En definitiva lo más importante” (Benedicto XVI, Discurso a los presbíteros y diáconos de la Diócesis de Roma, 13 de mayo de 2005). De ahí la importancia de los días de retiro espiritual y los Ejercicios Espirituales anuales.


La vida interior reclama la oración y los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la Penitencia. Quiero que reparemos sobre la importancia de la Penitencia. Además de ser ministros, somos con los demás fieles sus beneficiarios. La Iglesia nos avisa que “en un sacerdote que no se confesase o se confesase mal, su ser sacerdote y su ministerio se resentirían muy pronto, y se daría cuenta también la comunidad de la que es pastor” (Pastores dabo vobis 26).


2. Fraternidad en el presbiterio. El Concilio Vaticano II nos recuerda que “los presbíteros forman un único presbiterio y una única familia cuyo padre es el Obispo” (Christus Dominus 28). Se trata de una relación de comunión sacramental nacida de la participación, aunque en grado diverso, del único sacerdocio de Cristo, del único ministerio ordenado y de la única misión apostólica (cfr. Pastores gregis 47).

La “íntima fraternidad sacramental” (Presbyterorum ordinis 8) debe llevarnos a los sacerdotes a prestarnos una ayuda mutua, tanto espiritual como material, tanto pastoral como personal, en todo momento y circunstancia, especialmente cuando notemos algún problema en el hermano sacerdote sea físico, espiritual, económico o moral, ya que somos una verdadera familia.

Querido Emilio: no emprendes tu tarea en solitario, sino que entras a formar parte de un presbiterio diocesano, presidido por el Obispo, y en una Iglesia particular, la nuestra de Santander, en la que vas a trabajar como en la viña del Señor.

Tú no nos has elegido a los que desde esta tarde te acogemos en la fraternidad sacramental del presbiterio. Ya ves que somos distintos por edad, por temperamento, por historia y por las circunstancias que nos marcan. Pero, a la luz de la fe y en virtud del sacramento del Orden, somos tus hermanos: los que Dios pone en tu vida como compañía en tu camino. Acepta a los sacerdotes que compartirán contigo el trabajo pastoral en nuestra querida Diócesis de Santander, desde el respeto amable y acogedor, y desde el perdón sincero y misericordioso.


3. Estudio y formación permanente. El don del sacerdocio es para siempre. Por eso debemos renovar siempre, de forma continuada, nuestra vocación. Al servicio de esta renovación, está el estudio y la formación permanente, a la que hemos de considerar no sólo como una carga u obligación, sino como fruto de la caridad pastoral, ya que ésta es “alma y forma de la formación permanente” ( Pastores dabo vobis 70). Los sacerdotes necesitamos una formación que nos ayude a recorrer el camino de nuestra madurez humana, espiritual, intelectual y pastoral, como nos aconseja la Exhortación Pastores dabo vobis. El estudio serio y la formación permanente “es un acto de amor al pueblo de Dios a cuyo servicio estamos” ( Pastores dabo vobis 70). Nos corresponde a todos tomarnos en serio nuestra formación y participar, sin fáciles excusas, en los encuentros programados por la Delegación Diocesana para el Clero.


Las vocaciones sacerdotales


Finalmente, al terminar este Año Sacerdotal, convocado por el Papa Benedicto XVI y dedicado entre otros objetivos a “promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio sea más intenso e incisivo”, quiero que todos sintamos la preocupación por el Seminario y las vocaciones sacerdotales. Vivimos tiempo de crisis de vocaciones al sacerdocio, entre otras razones, porque existe crisis vocacional cristiana. Os confieso que me preocupa el tema de las vocaciones sacerdotales en nuestra Diócesis. Necesitamos con urgencia a jóvenes dispuestos a oír la llamada que Dios les hace a ser sacerdotes de su Iglesia.


Es cierto que la vocación es un don de Dios y lo da a quien quiere y cuando quiere, pero la vocación también es fruto de la respuesta que el llamado da en libertad. Y es aquí donde cobra importancia nuestra intervención: la vuestra y la mía, junto con los padres, catequistas, profesores de Religión y demás responsables eclesiales.


No podemos seguir siendo espectadores del paulatino descenso del número de seminaristas. Por eso, desde aquí hago una llamada para redoblar el esfuerzo en la pastoral vocacional con los jóvenes, que es una de las acciones de la Programación Pastoral Diocesana del próximo curso, a través de la propuesta directa en el diálogo personal, a través de nuestro estilo de vida y de nuestra oración, ya que el testimonio de vida contagia y es fuente de vocaciones. Necesitamos una pastoral vocacional entusiasmada y promover una cultura vocacional, integrada en la pastoral ordinaria de toda la Diócesis.


Aprovechemos en nuestra Diócesis la preparación y la misma celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, que es un objetivo transversal de nuestra Programación Pastoral, para la evangelización de los jóvenes, para relanzar la pastoral juvenil y para la promoción de las vocaciones sacerdotales y de la vida consagrada.


Y vosotros, jóvenes que me estáis participando en esta celebración, poneos en actitud de escuchar la voz de Dios y decidle como el joven Samuel: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Sam. 3, 9). Y si os llama, contestadle con prontitud. “Aquí estoy, porque me has llamado” (1 Sam. 3, 5). Pedidle generosidad y valentía para seguir a Jesús. “Quien deja entrar a Cristo en su vida no pierde nada de lo que hace la vida libre, bella y grande. Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Él no quita nada y lo da todo. Quien se da a Él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida” ( Benedicto XVI, Homilía del inicio de su Pontificado, 24.04.2005).

En la escuela de María


Vive tu sacerdocio ‘en la escuela de María’, ‘mujer eucarística’. La Virgen vivió su ‘fe eucarística’, antes incluso de que la Eucaristía fuera instituida, por el hecho mismo de ‘haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios’. Que la Virgen Inmaculada te acompañe siempre en tu ministerio. No abandones jamás tu tierna y filial devoción a la Madre de Jesús, que es la Madre de los sacerdotes.


Querido Emilio: sé agradecido siempre a Dios, porque para siempre Él te hace sacerdote: `sacerdos in aeternum’. ¡Que lo que Dios ha iniciado en ti, Él lo lleve a su más feliz cumplimiento! Amén.


Reportaje Gráfico.  Jose Manuel Mochales

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One Response to “Especialista en marketing y sacerdote. Se ordenó Emilio Maza Trueba”

  1. Mª Magdalena dice:

    Gracias una vez mas por tu entrega.
    ¡desde la distancia (Barcelona) te recuerdo!
    En mis oraciones,solo agradezco para que Tu y todos los que nos hemos comprometido a seguirle,no nos falte, primero la Fe y tambien la mirada fija en EL
    Con cariño sincero Mª Magdalena
    (Len, para los de Matamorosa)

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