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Enrique Rojas. Cómo hablar de la masturbación.

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El origen de la palabra procede del latín mas: órgano sexual masculino, y turbatio: excitación, y según otros de manu y strupatio: seducción por la mano. Excitación manual del sexo. Inicialmente se la llamó en la Biblia onanismo, en referencia a Onán (Génesis, 38,1). La masturbación es un fenómeno asociado a la pornografía, aunque puede ir separado de ella. Su uso aparece por primera vez, con este nombre, en el año 40 a. C., utilizado por Marcial, poeta hispano-romano nacido en Aragón.

En cualquier caso ese esperma no es utilizado para la fecundación, por eso con frecuencia se emplean casi simultáneamente los términos masturbación y coito interrumpido. Más recientemente la ganado puntos la expresión autoerotismo. La fantasía proporciona imágenes. La vista se sirve de la pornografía. La realidad contempla escenas de desnudos que actúan, unas y otras, como desencadenantes. Sexualidad fantaseada. Se prescinde del otro y se evita la relación humana, con sus limitaciones y conflictos.

Es la búsqueda del orgasmo por el orgasmo, por el mero placer, al margen del amor sexuado y compartido. Se busca una satisfacción rápida, inmediata, sin contenido afectivo alguno. La imaginación toma el mando, recurriendo a contenidos presentes que son visualizados, o pasados, que están archivados y la mente los actualiza, sirviendo de excitante.

La masturbación del hombre es muy diferente de la de la mujer, aunque, igual que en ella y sin adentrarnos de momento en otras posibilidades, supone una forma de placer sexual solitario, que se consigue sin el concurso de otra persona. En el hombre la excitación necesaria se alcanza por medio de diferentes estímulos: a través del tacto, la vista o la imaginación.

El deseo masculino de masturbación es más apremiante que en la mujer, más impulsivo y rápido, y en esto se diferenciará de ella toda la vida, ya que la sexualidad masculina presenta rasgos de mayor inmediatez en todas sus etapas. Por este motivo, la pornografía hace presa más fácil en el hombre que en la mujer: está hecha a la medida de sus inclinaciones instintivas.

La masturbación aparece en las fases tempranas de la sexualidad masculina, como una forma de autoerotismo con carácter de fase, que se da en casi todos los hombres. Hemos dicho que la masturbación es la sexualidad en la que sólo participa uno mismo, aunque es una definición incompleta, ya que en realidad es posible masturbar a otra persona o ser masturbado por ella. De hecho, en muchas ocasiones el hombre descubre la masturbación en un ambiente de juegos con sus amigos de la infancia o de la pubertad. Otras veces es un hallazgo solitario, resultado de la autoexploración típica de la pubertad.

En cualquier caso, muchos hombres se sienten avergonzados o culpables, particularmente cuando empiezan a descubrir su sexualidad, a menudo porque esta práctica les genera dudas sobre su condición sexual. Sin embargo, la masturbación en las fases finales de la infancia, junto a los amigos, no es indicativo de homosexualidad, sino una conducta de imitación e integración en el grupo, que se supera al cabo de un tiempo. Tiene escaso valor psicológico y son los padres los primeros que deben ayudar a sus hijos en esa etapa, desdramatizando y, a la vez, explicándoles que en esos momentos la sexualidad está muy viva y es fácil que se dispare.

Aunque la sexualidad acompaña al ser humano desde su nacimiento, es en el momento de la pubertad -hacia los doce años, en los momentos previos a la adolescencia- cuando se pone en marcha el proceso de maduración. Es una época de descubrimientos en la que, si todo se desarrolla con normalidad, el hombre llega a su plenitud física y reproductiva. Superada esa fase de «juegos» y exploración del propio cuerpo en la pubertad, comenzará a sentirse atraído por personas de sexo contrario.

En este periodo la masturbación ocasional es algo normal, y la preocupación sólo debe surgir si se dan conductas patológicas o anormales. Al principio de la niñez y luego en la pubertad, la sexualidad es polivalente y está desparramada por toda la geografía corporal. Ya en la adolescencia se concentra en los órganos genitales, adquiriendo éstos la representación de su yo. Ahí comienza la fase onanista.

La fuerza de la libido pide paso y con el descubrimiento de uno mismo y la afirmación de la propia forma de ser, se entra a su vez en una fase de un narcisismo natural; en esos momentos es cuando empieza a fraguarse su orientación sexual, en una línea divisoria sinuosa que puede dirigirse hacia lo que es natural, la heterosexualidad, o escoger el camino contrario, el de la homosexualidad.

En el ecuador de la adolescencia la tarea educativa es primordial: la ausencia del padre tiene aquí efectos muy nocivos, pues el adolescente no encuentra la figura de un adulto sano que le enseñe cuestiones básicas sobre su cuerpo, y en consecuencia se ve perdido, solo, aproximándose a su cuerpo y a su psicología, que bullen y saltan y se expanden, sin un maestro o un profesor o un compañero positivo.

El adolescente acaricia sus genitales y descubre sus cambios y asiste a ellos. Para Freud el placer sexual era lo máximo, pero dijo que la masturbación crónica solía conducir a las llamadas neurosis actuales. Pero hay muchos placeres en la vida, que se van descubriendo con el paso del tiempo. El niño disfruta moviéndose, viendo hasta dónde es capaz de llegar con su cuerpo, y ese lujo de movimientos es un conjunto de experiencias que el niño explora, saborea y con el paso de los meses y los años, selecciona y fija. El impulso a la actividad tiene una enorme fuerza.

La tendencia a chuparse el dedo pulgar está de algún modo en esta dirección, aunque las mucosas bucales tienen una sensibilidad especialmente rica y en el niño de meses o pocos años son decisivas. En el adulto sucede lo contrario, va asomando el impulso a una cierta pasividad (que es una mezcla de paz y serenidad).

Uno de los problemas es que la masturbación se convierta en un hábito, que puede llegar a alcanzar niveles de adicción cuando el joven es incapaz de dominar su impulso autoerótico. En algunos casos se puede hablar de verdadera compulsión masturbatoria. Asimismo, la masturbación masculina varía de contenido según la edad: en los púberes puedo considerarse algo normal; en la adolescencia también es frecuente, aunque debe ser controlada; a partir de los veinticinco años, ya en plena edad adulta, la masturbación es un síntoma de inmadurez que se agrava a medida que la persona crece.

El adolescente se encuentra en proceso de formación, está descubriendo cosas y aprende poco a poco. Es el momento de recibir una educación sexual apropiada, que encauce sus impulsos y le convierta en una persona plena. Sin embargo, el adulto que sigue masturbándose demuestra escasa fuerza de voluntad y nulo control sobre sus deseos, y las consecuencias psicológicas pueden llegar a ser graves, ya que esa persona no dirige su vida, sino que se encuentra bajo el dominio de sus pasiones, que en este terreno pueden llegar a ser difíciles de dominar.

Serio problema cuando se ha convertido en un hábito, en algo crónico, rutinario, en práctica frecuente a veces como mecanismo de compensación ante frustraciones, dificultades o vivencias negativas. Es un recurso rápido, como un capricho, que deja una secuela agridulce.

No se trata de pensar, como antaño se creía, que la masturbación es fuente de todo tipo de males (acné, calvicie, escoliosis o epilepsia, por ejemplo), pero lo cierto es que se trata de un síntoma muy negativo de falta de plenitud, revelador de carencias internas que impiden a la persona realizarse por completo. Y no sólo es esto: hay toda una patología de tipo psicológico asociada a la masturbación adulta, sobre todo sentimientos de culpa e inferioridad.

En lo que se refiere a la educación del deseo, el control del impulso masturbatorio es fundamental. Masturbarse sin control supone una entrega a todos los aspectos negativos que ya hemos comentado en capítulos anteriores, y en particular al hedonismo egoísta. No olvidemos que el amor es todo lo contrario: entrega al otro.

Formas de masturbación

Existen varias formas de masturbación, dependiendo de la edad, la situación y el carácter de la persona. Veremos a continuación algunas de las más habituales.

La más corriente es la que comienza a manifestarse durante la pubertad. Forma parte del descubrimiento del propio cuerpo, pero hay que evitar que se convierta en un hábito negativo. La masturbación puede volverse habitual en hombres tímidos o que tienen dificultades para relacionarse con mujeres. Es una situación problemática, no por la masturbación en sí, sino porque esa dificultad para el trato con personas de sexo contrario puede ser síntoma de diversos trastornos.

Si el hábito persiste, puede convertirse en lo que se denomina masturbación impulsiva, que se produce en cualquier momento, sin control y con anulación de la voluntad. También produce fuertes sentimientos de culpa y vergüenza. Es algo diferente de la masturbación compulsiva, en laque media un proceso previo de duda. Se quiere evitar la masturbación, pero no se puede y los resultados psicológicos son aún peores.

La masturbación es a veces esporádica, y se da, por ejemplo, en personas agobiadas por los problemas. Se habla en tal caso de una masturbación liberadora de tensiones. En otros casos se trata de compensar frustraciones y decepciones. Cumple la masturbación, en estos casos, una función compensadora, aunque no por ello deja de ser un síntoma de inmadurez.

Por último, algunos hombres presentan una libido muy elevada. Ya hemos indicado que la masturbación no es necesariamente solitaria, y de hecho en algunos hombres hipersexuales se observa una conducta masturbatoria incluso cuando mantienen una relación de pareja. En general es una manifestación que no es positiva, que muestra a una persona excesivamente centrada en la sexualidad hedonista. Las personas de este tipo suelen ser infieles y tener varias parejas, y su vida carece de valores éticos, culturales o psicológicos, por lo que su capacidad para amar de verdad es muy reducida.

Todos los tipos descritos son genéricos, pues cada una de estas actitudes puede aparecer combinada con otras en una misma persona. A veces, a lo largo de la vida, se manifiestan diferentes patrones de masturbación, dependiendo de las circunstancias.

¿Se puede superar la masturbación?

La historia de las actitudes ante la masturbación ha seguido tres etapas: una, que ha durado hasta mediados del siglo XVIII, que se centraba esencialmente en el tema moral y religioso, placer centrado en uno mismo, desprovisto de otras personas y de trascendencia. Una segunda, que se inicia tras la publicación del libro Disertación de las enfermedades producidas por la masturbación, del médico inglés Becker: «Deseca el cerebro, produce locura, parálisis, epilepsia, ceguera, clapetas en los pómulos, agotamiento, delgadez, esterilidad, frigidez e impotencia». Algunas de esas ideas variopintas han estado presentes durante muchas décadas. Más tarde, otro médico, el suizo Tissot, escribió otro libro en términos parecidos, que tuvo bastante resonancia.

La tercera etapa arranca de la publicación en 1905 del libro de Freud Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad, siendo la primera vez que se estudia este tema con cierto rigor psicológico, viendo en él una e maduración psicológica.

La sociedad moderna, caracterizada por el hedonismo y la permisividad, ni siquiera se plantearía una pregunta de esta índole. Sin embargo, es necesario hacerlo, ya que la masturbación, que es normal hasta cierto punto en las primeras fases de la adolescencia, representa en la edad adulta un claro signo de inmadurez y carencia de valores interiores.

Claro que, antes de preguntar si se puede superar, habría que cuestionarse por qué es necesario superar la masturbación. La respuesta sólo puede ser una: es necesario superar la masturbación porque este tipo de placer egoísta hace infeliz al que lo practica, en tanto que anula su voluntad, le impide liberarse y, sobre todo, dificulta cualquier proyecto de relación con otra persona.

Sabido esto, ¿puede un hombre superar su impulso masturbatorio? La respuesta es afirmativa, pero se requiere, en primer lugar, hacer uso decidido de la principal herramienta para la educación del deseo: la inteligencia. La reflexión sirve para darse cuenta, en primer lugar, de que existe el problema. Una vez se es consciente de esto, se pueden poner los medios para solucionarlo. Para superar el impulso masturbatorio en las personas que padecen adicción en mayor o menor grado a esta práctica, hay dos líneas básicas de actuación, dependiendo de la edad del individuo.

Así, en los jóvenes es fundamental la colaboración de su entorno, sobre todo de sus padres, pero también de los educadores y, si es posible, de los amigos. Hay que conocer el origen del problema, sus posibles causas, y ofrecer alternativas. Resulta muy positivo animar al joven a practicar deporte o a colaborar con instituciones altruistas.

Por otra parte, es necesario saber hablar al joven con sinceridad, dándole a conocer los riesgos potenciales que corre y animándole a variar su conducta como forma de conseguir una vida más plena y satisfactoria. Plantearle el tema como un desafío a vencer puede darle ánimos para emprender el camino, sobre todo si le hacemos comprender que la superación de sus impulsos representará una victoria de su inteligencia, conseguida a través de su propia fuerza interior. Esto le permitirá, en una edad en la que se encuentra en pleno desarrollo, definir y robustecer su personalidad.

Por último, una educación sexual adecuada, con un contenido moral, es imprescindible. La educación sexual no debe ser sólo informativa, sino formativa, es decir, que además de datos proporcione enseñanzas útiles, como ya hemos visto. No hay que reprimir, sino enseñar al joven a autocontrolarse. Es importante mantenerlo alejado de ciertos estímulos negativos, como los materiales con contenido pornográfico, que estimulan su imaginación. Mason Cooley, en sus Aforismos, indicaba que «la fantasía es el espejo del deseo. La imaginación le da nueva forma». En el onanismo, el sujeto se desvincula de la realidad y omite el encuentro personal, básico para las relaciones íntimas.

En los adultos la situación es completamente distinta. Para empezar hay que analizar si la masturbación se produce de forma esporádica o, por el contrario, es muy frecuente. Es necesario hacer una indagación, que no es otra cosa que la historia clínica que hacemos los médicos, para saber cómo se ha ido instalando ese hecho en la conducta y cuáles son los factores que lo ponen en marcha y aquellos otros que pueden convertirlo en crónico.

En el primer caso, el impulso masturbatorio puede tener una causa bien definida, como un problema temporal. Con algo de ayuda y esfuerzo puede superarse, ya que no se ha entrado en la fase de hábito, yen cualquier caso es muy probable que la conducta desaparezca una vez resuelto el problema que la causó.

En el caso de masturbación habitual, la cosa cambia. Puede ser una conducta heredada de la edad juvenil o bien aparecer de nuevo en la edad adulta por la razón que sea. Recordemos que, en ambos casos, es síntoma de inmadurez y egoísmo, y a menudo tiene difícil tratamiento, ya que las personas entregadas a este tipo de prácticas suelen vivir en la filosofía hedonista del «lo hago porque me apetece» y no sólo no quieren acabar con el problema, sino que ni siquiera reconocen tenerlo. En otras, el hábito es tan fuerte, que puede resultar difícil corregirlo, salvo que exista una motivación clara de querer esforzarse por superar esta práctica.

La masturbación masculina en el adulto es más grave si mantiene una relación de pareja, ya que interfiere con ésta y tiende a deteriorarla. En ese caso es importante el diálogo conyugal, que puede poner de relieve un distanciamiento entre ambos en general o un enfriamiento en lo sexual, en particular. Si la relación sexual hedonista resulta negativa para el verdadero amor, ¿cómo no habría de serlo una práctica sexual que deja de lado a la pareja?

En ambos casos, jóvenes o adultos, existe un factor más importante: la educación permanente en los verdaderos valores humanos. Si una persona, independientemente de su edad, reconoce la importancia de la voluntad, la reflexión racional, el compromiso o la responsabilidad, estará en el buen camino para conseguir una vida plena.

No olvidemos, en ningún caso, que la masturbación es un acto carente de auténtica humanidad y, por ello, degradante. Genera infelicidad y sentimientos de humillación y culpa. La psicoterapia es una buena ayuda para superar problemas interiores, y no lo es menos en el caso de la masturbación habitual. Actúa directamente sobre las causas internas que dan lugar a una conducta y es capaz de encauzar la inteligencia del hombre hacia campos más productivos.

El psiquiatra o el psicólogo son, en este caso, consejeros experimentados que pueden guiar al individuo hacia la consecución de una sexualidad plena, placentera y verdaderamente humana.


Extracto de los estudios de Enrique Rojas. Médico en Psiquiatría

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